22Septiembre2017

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Que más pue.../¿Quién gana en el divorcio del PRI-PVEM?

¿Quién es el ganón en la ruptura entre el Partido Revolucionario Institucional (PRI) y el Partido Verde Ecologista de México (PVEM)? ¿Quién sale fortalecido y quién debilitado en esta fractura que era más que evidente desde hace mucho rato? Es lógico que al partido del gobernador, y del diputado Eduardo Ramírez Aguilar, no le conviene jalar con un partido que está fragmentado y secuestrado por un junior en Chiapas. 
El PRI no tiene posibilidad alguna de ir bajo el liderazgo de Roberto Albores Gleasson y obtener el triunfo. El Verde, desde la nacional, lo sabe y ha dado un paso estratégico. Pero hay algo aún más, y es que el partido del tucán no piensa entregar ni un solo favor al tricolor en estas elecciones. No van a devolver favores políticos y piensan jugársela solos. Si el Verde va sólo, también hay otro conflicto de intereses: ¿Quién sería su abanderado?
Por un lado tenemos al dueño de la Fundación Jaguar Negro y de la Asociación Civil Hacia un Nueva ERA, me refiero al legislador y presidente estatal del PVEM y presidente de la Mesa Directiva del Congreso del Estado, Lalo Ramírez. Por el otro está el senador, también del PVEM, Luis Armando Melgar Bravo. En esos dos nombres descansa el que tomará las elecciones del verde en sus manos. Eso sí, si el Verde no decide tomar de aliados al Frente que traen conformando el Partido Acción nacional (PAN) y el Partido de la Revolución democrática (PRD) y se fusionan. Ahí sí habría uno que se quedaría como chinito, nomás milando y otro que se convertiría en el bailador de la noche.
Ningún escenario, a estas alturas, es descabellado. El primer principio es entender que cada elección parte de dos bases: el dinero y la política. Así como se oye. El dinero es un arma, una que puede ser letal o puede ser la solución de todo. Sin embargo, la política es otra cosa. La política es saber cuándo vas a jalar el gatillo de esa arma, a dónde la vas a dirigir y cuántas veces te conviene tirar. Nada está escrito aún, aunque vengan muchos a querer vendernos los polvos mágicos. Los acuerdos, estimados lectores, esos cambian hasta en el último momento. Recuerde que a Luis Donado Colosio un cambio en la agenda la representó su muerte. Así es la política y así son los negocios, porque a fin de cuentas es así.
Quien gobierne, quien pase, quien vaya o quien no eso depende de los intereses de varios grupos. Lo he dicho repetidas veces y lo he repetido hasta el cansancio en cuento al tema de la democracia participativa que se ha transformado en un mal chiste. Por eso no perdamos de vista la ruptura entre el PRI y el PVEM porque no es un asunto personal, ni porque se caen mal ni por esos asuntos triviales que pensamos todos. Estos son negocios y ni los ataques en redes, ni los de los medios, ni nada es personal. En política se parte de un asunto que son los intereses cupulares. Ahí está el embrollo. Ese matrimonio no era bien visto socialmente hablando. El PRI y el Verde ya sacaron sus propias partidas y sus propias ganancias. Los dividendos se repartieron más allá de nuestras conjeturas, de nuestros puntos de vista ellos saben lo que ganaron y perdieron. Ahora es tiempo de jalar por rumbos diferentes, teóricamente hablando.
Por el PRI sabemos que quien quiere ser el alfil, único todopoderoso, es el niño diablo, Roberto Albores Gleasson, el hijo de Satanás exgobernador de Chiapas. Pero el PRI tiene sectores inconformes, la pregunta obligada es ¿qué harán esos sectores si el diablito sigue empecinado en no soltar el poder y seguir controlando las prerrogativas y todo a su alrededor? ¿Ha provocado el diablito un cisma en Chiapas? ¿Habrá desbandada en el tricolor o simplemente los sectores van a pactar con otros partidos y le darán el voto de castigo en las urnas, haciéndolo beber una sopa de su propio chocolate? Lo cierto es que la tiene mejor posicionada el Verde que parece tener más claro todo, bajo el liderazgo de Maveco, que los rojos que pensamos cerrarían filas en torno al 2018.
Nada escrito y el pastel ya en la mesa. Acá sólo falta ver la capacidad de cada político para cerrar acuerdos. Cada uno tiene sus tentáculos metidos en otros institutos políticos y buscarán sacar raja también de eso. Sólo recordemos que el que traga más saliva traga más pinole. Por lo pronto los Verdes parecen estar moviendo mejor su estrategia ante la voracidad y el hambre desatada de Robertito Albores. ¡Hasta mañana!